El volumen de publicaciones sobre la microbiota y su impacto en la salud ha aumentado de manera exponencial en los últimos años. Para el que no sepa de qué se trata, hablamos de microbiota para referirnos al conjunto de microorganismos vivos que coexisten en un mismo organismo.
Es importante diferenciar el término microbiota de “microbioma” (comunidad microbiana), siendo éste último un concepto más amplio que recoge a todos los microorganismos con sus genomas, metabolitos y ambiente. Sin embargo, en la práctica ambos términos suelen intercambiarse.
La microbiota humana está formada principalmente por bacterias, seguidas de virus, y en menor medida por arqueas, hongos y parásitos que viven naturalmente en el cuerpo humano y representan casi el 50% del contenido de las células humanas.
La microbiota es característica de cada individuo, variando de uno a otro según la genética, estilo de vida y factores ambientales.
Además, su composición puede modificarse a lo largo del tiempo (equilibrio dinámico). En ocasiones se puede producir un desequilibrio en este ecosistema bacteriano que puede perdurar en el tiempo (DISBIOSIS), siendo un factor clave en distintos desórdenes de salud.
El papel de la microbiota en la inducción de un amplio espectro de enfermedades
La microbiota más abundante y estudiada hasta el momento es la intestinal, implicada en la aparición de diversas enfermedades crónicas tanto de carácter metabólico como inflamatorio crónico y neurodegenerativo. Recientemente se ha descrito la existencia de una comunicación multidireccional entre el intestino y otros órganos clave que parece estar implicada en etiopatogenia de muchas enfermedades crónicas, como es el caso del eje intestino-pulmón, el eje intestino-cerebro, o el eje intestino-piel
EJE INTESTINO-PIEL
Además, hablamos de MICROBIOTA CUTÁNEA (también llamada DERMOBIOTA) cuando nos referimos al conjunto de microorganimos presentes en nuestra piel que incluye bacterias prnicipalmente, además de virus, hongos, y ácaros. En concreto, las bacterias más representativas de la barrera de la piel son las pertenecientes a los géneros Cutibacterium, Staphylococcus y Corynebacterium existiendo diferencias según región anatómica.
Las funciones principales de la dermobiota son:
- Resistencia a la colonización patógena u oportunista: la microbiota cutánea es una barrera contra la invasión, colonización e infección, con mecanismos para combatirlos.
- Regulación de la inmunidad: estimulan las defensas inmunológicas innatas y adaptativas, como la liberación de péptidos y proteínas antimicrobianas que actúan como antibióticos naturales.
- Control de la inflamación: puede mediar directa o indirectamente en las respuestas inflamatorias liberando diversos factores de virulencia en condiciones insalubres.
- Mantenimiento de la fisiología de la piel:
- pH: mantienen la acidez de la piel con la producción de ácidos grasos libres a partir de los triglicéridos del sebo impidiendo el crecimiento de otras especies nocivas.
- Fomentan la diferenciación y epitelización celular para la formación del estrato córneo (barrera física) así como su hidratación.
- Protección ultravioleta (UV): por ejemplo, S. epidermidis puede producir un metabolito que suprime los tumores inducidos por los rayos UV, asimismo Streptomyces y Cianobacteria producen compuestos que absorben el UV. C. acnes puede regular la síntesis de melanina inducida por estas radiaciones.
- La cicatrización de heridas: donde destaca S. epidermidis.
En los últimos años, se han incrementado las publicaciones que han descrito la disbiosis intestinal y/o cutánea como un factor fisiopatológico clave de enfermedades cutáneas como la psoriasis, la dermatitis atópica, la rosácea o el acné.
Entre los factores desequilibrantes de la microbiota cutánea se pueden encontrar las condiciones ambientales, la contaminación, la exposición a radiación, los productos de higiene, cirugías, las infecciones, la ocupación o la exposición a antibióticos, entre otros factores.


