La compleja relación entre el estrés y las afecciones de la piel ha sido ampliamente documentada.
Sin embargo, los mecanismos subyacentes exactos solo se han revelado de forma parcial en los últimos 20 años.
Investigaciones recientes sugieren la existencia de una eje “cerebro-piel” y demuestran que la piel no es sólo un objetivo de señalización del estrés psicológico, sino que también participa activamente en la respuesta al estrés mediante su eje HPA local (eje hipotálamo-hopófisis-adrenal), las terminaciones nerviosas periféricas y su propia composición celular que incluye células queratinocíticas, mastocitos y células inmunitarias.
A diferencia del estrés agudo, que puede aumentar la respuesta inmune innata y adaptativa.
El estrés crónico generalmente suprime la inmunoprotección, aumenta la susceptibilidad a infecciones, y exacerba algunas enfermedades alérgicas e inflamatorias.
El mecanismo exacto de cómo el estrés afecta el envejecimiento de la piel es todavía poco claro.
Sin embargo, investigaciones recientes han proporcionado evidencia de posibles vías que podrían contribuir al envejecimiento cutáneo: por un lado, la radiación ultravioleta es una de las principales factores estresantes responsables del envejecimiento prematuro de la piel, de ahí el término “fotoenvejecimiento”. Además, la radiación ultravioleta es un estimulante del eje HPA de la piel, mediante la inducción de la expresión de CRH (hormona liberadora de corticotropina), POMC (proopiomelanocortina), péptidos, ACTH, cortisol y β-endorfina.
Por otro lado, se encontró que la epinefrina, la norepinefrina y el cortisol aumentan el daño al ADN, interfieren con la reparación del mismo y alteran regulación transcripcional del ciclo celular. Ha sido demostrado que el estrés crónico puede inducir daño en el ADN a través de la vía de los receptores adrenérgicos β2 (β2AR). Asimismo, la estimulación con catecolaminas conduce a la degradación de p53 y daño en el ADN a través de la acumulación de ROS (especies reactivas de oxígeno).
Otro factor destacable está relacionado con el tabaquismo y la contaminación del aire, ambos estresores crónicos críticos que impactan significativamente el envejecimiento de la piel.
Por último, un estudio reciente estableció el efecto negativo de la privación de sueño sobre el envejecimiento de la piel.
Se encontró que pacientes con deprivación de sueño mostraban mayores signos de envejecimiento cutáneo, incluyendo líneas finas, pigmentación desigual y reducción de la elasticidad. También se recuperaban mucho más lentamente después de una perturbación de la barrera cutánea.
Investigaciones futuras en esta línea permitirán entender cómo modular esta conexión y descubrir nuevas terapias para distintas dermatosis inflamatorias crónicas, así como nuevas terapias antienvejecimiento.


