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¿Cómo nos afecta el ESTRÉS?

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Durante las últimas décadas se ha ido acumulando bastante información que apoya la hipótesis según la cual los sistemas nervioso y endocrino desempeñan un importante papel en la fisiopatología de enfermedades que afectan al sistema inmunitario, incluyendo procesos infecciosos, cáncer y enfermedades autoinmunitarias.

Actualmente se admite que la interacción entre el sistema nervioso central y el organismo es mucho más dinámica de lo que se creyó en un principio, puesto que hay una serie de sustancias que, partiendo del sistema inmunitario, son capaces de alterar las funciones psicológicas y neurológicas, actuando tanto a nivel central como periférico.

En este sentido, los resultados procedentes de estudios experimentales y de observaciones clínicas permiten concluir que las enfermedades son el resultado de la interacción entre múltiples factores, que dependen tanto del agente agresor (bacterias, virus, agentes carcinógenos), como del organismo agredido (características genéticas, nerviosas, endocrinas, emocionales, inmunológicas, cognoscitivas y comportamentales, edad, género, experiencias vitales y factores psicosociales).

De entre todos los factores relacionados con nuestro estilo de vida, el que más influye en esta compleja interacción es el estrés. Todo ser vivo experimenta y requiere estrés, ya que éste le permite adaptarse a nuevas condiciones, en ocasiones adversas.

No obstante, cuando se trata de situaciones de estrés grave, tanto si es agudo como si es crónico, influye profundamente en la susceptibilidad y en la evolución de patologías agudas y crónicas, ya que induce desórdenes en la inmunorregulación, y especialmente, en las cadenas de citoquinas inmunorreguladoras.

Puesto que constituye un mecanismo de adaptación psicológica y orgánica a cambios del ambiente interno y externo, el estrés es universal e inherente a los seres vivos. 

Existen diversos tipos de estrés

Físico (trauma, cirugía, quemaduras, infección).
Psicológico (problemas personales, presiones sociales o laborales).
Metabólico (hemorragias, deshidratación, hipoglucemia, cetoacidosis).
Farmacológico (anfetaminas, cocaína).

El estrés afecta el eje hipotálamo-pituitario-suprarrenal (HPA) y libera la hormona ACTH, imprescindible para la liberación de cortisol, lo cual induce a la modulación de la respuesta inflamatoria.

A nivel dermatológico, se sabe que el estrés deteriora la función de barrera cutánea, aumenta la inflamación e induce o empeora el curso de varios trastornos de la piel como la psoriasis, el acné y la dermatitis atópica.

Por tanto, el estilo de vida y en especial la existencia de niveles elevados de estrés crónico, desempeñan un papel fundamental en la modulación de la respuesta inflamatoria en distintas dermatosis crónicas.

Son necesarios estudios clínicos sólidos y bien controlados que evalúen la relación entre los factores relacionados con los estilos de vida y la aparición de patologías dermatológicas.

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