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¿Cómo afecta el metabolismo a nuestra piel?

Pues afecta de forma muy relevante por supuesto, como también afecta al resto de órganos y sistemas de este conjunto no fragmentable que es la biología humana.

En los últimos años se ha multiplicado la evidencia a favor de la inevitable relación entre el síndrome metabólico y las enfermedades crónicas, lo cual constituye un paso más hacia la constatación de que nuestros hábitos de vida (qué comemos, cuánto nos movemos, qué nivel de estrés crónico manejamos, etc.) desempeñan un papel clave en la aparición y evolución de las mismas.

El síndrome metabólico (también conocido como síndrome X) está constituido por un conjunto de factores fisiológicos, bioquímicos, clínicos y metabólicos que conllevan un aumento del riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular o diabetes mellitus tipo 2.

 

Estos factores se pueden resumir en:

  • Resistencia a la insulina.
  • Exceso de grasa abdominal.
  • Dislipidemia aterogénica.
  • Disfunción endotelial.
  • Hipertensión arterial,
  • Estado de hipercoagulabilidad.

Todo ello condicionado por la susceptibilidad genética del individuo y el nivel de estrés crónico al que esté sometido.

Aunque los mecanismos exactos de la asociación entre el síndrome metabólico y las enfermedades de la piel sigue investigándose, la evidencia emergente sugiere que la señalización alterada de la insulina y el aumento de la resistencia a la misma, asociado a un estado elevado de inflamación crónica, son los principales factores de riesgo que pueden inducir enfermedades inflamatorias crónicas de la piel.

Es de gran importancia identificar las posibles vías moleculares existentes detrás de este vínculo con el fin de desarrollar nuevas estrategias terapéuticas.

Algunas dermatosis crónicas donde esta relación epidemiológica se pone más en evidencia son:

PSORIASIS:

En los últimos años se ha prestado gran interés al incremento del riesgo cardiovascular en los pacientes con psoriasis, como ocurre en otras enfermedades inflamatorias crónicas, como el lupus eritematoso o la artritis reumatoide.

Sin embargo, no es nueva la asociación de la psoriasis con algunos factores de riesgo cardiovascular como la obesidad, el tabaquismo, la dislipemia e incluso un incremento de la mortalidad en pacientes hospitalizados graves.

El conocimiento en profundidad de la fisiopatología de la psoriasis, en la que están implicados los linfocitos Th1 y Th17, que liberan gran cantidad de citoquinas7 (TNF-α, IL8, IL6, IL17, IL1, IL23…) responsables de la formación de las lesiones de psoriasis, además de permitir el diseño de nuevos fármacos con muy buenos resultados clínicos, ha puesto de manifiesto que algunas de la citoquinas implicadas en la patogenia de la psoriasis también lo están en la enfermedad cardiovascular.

ACNÉ:

El acné vulgar es un trastorno inflamatorio de la unidad pilosebácea que afecta a muchos adolescentes y adultos jóvenes.

En un estudio transversal reciente comparando el metabolismo en 100 pacientes masculinos con acné frente a 100 controles se mostró que la prevalencia del síndrome metabólico tiende ser mayor en pacientes con acné (17%) en comparación con los controles (9%) (p = 0,09), y también que la prevalencia de resistencia a la insulina es significativamente mayor en pacientes con acné.

El posible mecanismo de acción subyacente está en el efecto protector de la actividad aromatasa, que conduce a una mayor conversión de testosterona en estradiol. El estrógeno es capaz de actuar como función anti-androgénica, inhibiendo la secreción de sebo y atenuar la actividad de las citocinas proinflamatorias.

Además, la obesidad reduce la conversión de testosterona en dihidrotestosterona fisiológicamente más activa al suprimir la actividad de la 5-α reductasa-II.

HIDRADENITIS SUPURATIVA:

La hidradenitis supurativa (HS) es una piel inflamatoria crónica que afecta a la porción folicular de las unidades pilosebáceas , especialmente localizadas en zonas flexurales, con una prevalencia estimada de 0.05 a 4%. Los datos disponibles muestran una asociación positiva entre esta dermatosis y el síndrome metabólico.

ALOPECIA ANDROGENÉTICA:

La alopecia androgenética (AGA) consiste en la pérdida progresiva de cabello en ciertas zonas del cuero cabelludo en hombres y mujeres. Provoca disminución progresiva en la actividad del folículo piloso que va decreciendo de tamaño hasta que se produce la atrofia total del bulbo piloso con la consiguiente pérdida del pelo. Numerosos estudios han sugerido una fuerte asociación entre AGA y síndrome metabólico.

ACANTOSIS NIGRICANS:

La acantosis nigricans (AN) es un trastorno cutáneo común caracterizado por placas y parches aterciopelados e hiperpigmentados involucrando las áreas intertriginosas (flexurales). La prevalencia varía entre diferentes edades y etnias, alcanzando el 25% en el general población e incluso más del 60% en niños con sobrepeso y obesidad. Existe evidencia sólida de la existencia de un vínculo entre esta dermatosis y el síndrome metabólico.

El dermatólogo suele ser con frecuencia el único médico que atiende a los pacientes con psoriasis y otras dermatosis crónicas que pueden ser un reflejo indirecto de un trastorno metabólico subyacente.

Es nuestra responsabilidad ser capaces de identificar las situaciones de riesgo y actuar apoyando al paciente hacia el cambio de hábitos de vida que permitan una prevención adecuada de la enfermedad cardiovascular así como de otras enfermedades crónicas.

Yu Hu,2, Yun Zhu et al. Metabolic Syndrome and Skin Diseases. Frontiers in Endocrinology 2019; vol 10(788).

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